...cúcuta... la amada infiel...










a 30 grados del calor del catatumbo, que es un cerro sembrado de relámpagos, y a 3 metros de las aguas del pamplonita que es un río echado a los pies de la ciudad, como un perro manso, está cúcuta.

el catatumbo es un cerro de día, y por las noches un gigantesco aviso de neón que parpadea sobre el valle. y el pamplonita es un río siempre.

cúcuta es plana como la espalda de una colegiala y desordenada como los cabellos de una mujer recién acariciada. simple y cordial como el abrazo de un amigo. alegre y ruidosa como una canción.

si se le mira desde arriba, desde cristo rey o la circunvalación, es una colcha de retazos tendida contra el sol. sí. una colcha de tejados rojizos, de arrugados espejos de zinc, de cielosrasos de cemento y hormigón, de capuchones de bahareque y palma muerta. pero si se mira desde abajo, es una caótica cuadrícula de aprendiz de dibujante: un verano sembrado de casas.

en cúcuta la historia está escondida detrás de la leyenda.

el terremoto, por ejemplo, es más que la letra menuda de algún texto de historia, o el recuerdo erudito de algún desvencejado señor de la academia.

el terremoto es la leyenda. el trajinar de relatos inciertos, de testimonios viciados por la emoción, y deformados por la fantasía. el terremoto es un sueño rayado e inconcluso, una mentira fácil levantada sobre los muros destruídos.

allí, por ejemplo, donde se construye un edificio, hubo alguna vez un parque y si se pega el oído contra el viento se escucha todavía el ruido de una fuente. y allá, donde la calle tiene una coraza, estaba un socavón de terremoto. y en la esquina de arriba, llegando al cementerio, vive una familia de fantasmas cuidando su botín de morrocotas.

pero ahora el tiempo que nos vive es distinto. se ensaña más en los objetos y en los cuerpos. envejece más pronto. quizá porque los almendros de entonces ya no existen, o si existen ya no tienen sombra.

a simple vista la ciudad carece de atractivo. pero si entras a una casa, en un parque, o en una mujer, sabes de inmediato, que estás en un lugar distinto. porque cúcuta es igual a todas las ciudades que conoces, pereo diferente. inevitablemente única.

no te basta por eso la postal, ni el relato de tus amigos, ni la información de una agencia de turismo. a cúcuta tienes que vivirla. su atractivo no está al alcance de los turistas presurosos. tienes que conquistarla y perderla, como una amada infiel.

si dices cúcuta, dices también verano, sudor haciendo jugarretas, siesta interminable para no pensar. si sueñas cúcuta, sueñas también almendros y cujíes, largas calles sombreadas con glorietas, glorietas con muchachas y muchachas dispuestas a enseñarte el breve aprendizaje del amor. si piensas cúcuta, piensas también en el largo, penoso y sofocante verano sobre el que edificaron la ciudad.

ya lo dijimos: cúcuta es una ciudad con fachada de casa de cambios y el aviso de neón más novedoso de que tengas noticia: el catatumbo.

tomado del libro "papeles" de miguel méndez camacho.







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